En Peñarrubia siempre se contaron
historias de seres y hechos extraños

 

Brujas que realizaban conjuros, culebras que atemorizaban a los vecinos, Anjanas con un solo pecho que amamantaban a los niños del valle...

.

Estos seres tienen singularidades propias que se diferencian en algunos aspectos de los personajes que se presentan en los textos que encontramos sobre mitología cántabra, basados en los escritos de Manuel Llano o Adriano García-Lomas, entre otros. Estas historias que os presentamos, son fruto de un gran trabajo de investigación y recopilación realizado por la Asociación Cultural y Etnográfica de Peñarrubia dirigido por su presidente, Javier Soberón. Son leyendas contadas por los vecinos del valle y que corrían el riesgo de desaparecer por la elevada edad de las personas que las recordaban y que nos iban dejando poco a poco. Era fundamental preservar esta herencia cultural de un valor incalculable.

 

Las Anjanas


Se cuenta que en Cicera hay un lugar en ¨El Tanagu¨ que le llaman ¨La cueva las Anjanas¨ donde vivían unas mujerucas con un solo pecho y cuentan que cuando las mujeres de Cicera iban con los niños a trabajar en las tierras de labranza de Santa Cile y los niños lloraban, bajaba una anjana y les daba el pecho.

Contado por Mercedes Bada (Titas) y recogido por Eva, Sara y Alicia Cortines.

Culebrín Culebrón


Dicen los viejos que antiguamente había mucha miseria, no había una perra pa gastar y pocu que echar a la boca. Los piojos y la miseria siempre han andau de la mano y cuentan que había una moza que acostumbraba a peinarse a la boca de la torca ¨Las Porquerizas¨ , mas que pa sentise guapa hacialo pa rascase la cabeza y quitar algunu de los piojos que traía encima, cuando quitaba unu lu cogía con la mano y lu tiraba a la torca, si el pioju era grande decia: Culebrín, culebrón, ahí te va esti piojón y si era chicu decia: Culebrón, culebrín, ahí te va esti piojín. Llevaba un ratu tirando piojos y repitiendo esa retajila cuando oyó un estruendu mu grande que venía de dentro la torca, miró hacia el fondu y vio como subía por la torca una enorme culebra con cuernos, salió corriendo dando con las patas en el culu caminu de Linares y la culebra la seguía a tó ciscu, al llegar a Pedrejita la culebra ya se disponía a mordela cuando la moza pudo metese en la calleja ¨El Cimbriu¨ y la culebra entró trás della, pero, sucedió que la culebra se quedó atascá, tenía los cuernos tan grandes que pegaban a los dos laos de la calleja y no podía ir palante, entonces la moza al ver que la culebra no la seguía miró patrás y vio que la culebra tovía no había acabau de salir de la torca. Al pocu empezaron a sonar las campanas y entonces la culebra se volvió a meter a la torca ¨Las Porquerizas¨.

Salud Cotera, Juan Cortines y Javier Soberón.

 

El Vaquero y La Ruda


Un vaquero de Caldas llevaba unos años que siempre que echaba las vacas al puerto perdía (se le mataba) la vaca que llevaba el campano consultó y le dijeron que eso era brujería, que le pusiera a la vaca un trozo de Ruda y le dijera ese conjuro: “Ruda rudita, malaya quien te arrudó el que a ti te puso ruda sabía más que yo”. Nunca perdió más vacas que trajeran el campano.

Lola y Rosario Linares.